DESARROLLO PERSONAL

No te preocupes, se feliz

Se feliz, no te preocupes

Tan bien tocaba dońt worry be happy al piano que tanto el hospital como el piano-bar que había en frente se quedaron con aquel nombre. Era gracioso oír a personas mayores decir: si hoy me toca ir al “donguorri” para tomarte la tensión. 

Y esa fue su vida. Toda una vida de sacrificio, de humo y alcohol, y una vida marcada por aquella canción. Sigue pensando que ser pianista, no era lo más lógico, si no casi obligatorio cuando todos su padre, abuelo, el padre de su abuelo, el padre del padre de su abuelo lo fueron.

Tenía 52 años pero sin duda esas noches largas, su pelo cano, sus pulmones llenos de humo y su exceso de alcohol durante años le hacían aparentar más de 60. Había vivido casi todo, como él decía, y no le sorprendió mucho el día que el Gobierno decretó un confinamiento por un virus que iba a dejar al pianista sin trabajo y al piano bar sin clientes. No quería saber mucho de aquello, pues sabía que se enfrentaba a largos días y noches haciéndose amigo de la soledad. Por eso no prestó mucha atención cuando el dueño del bar le explicaba una cosa que se llamaba ERTE, y que realmente le importaba un carajo…………

Angélica tenia 22 años, y le faltaba el TFG, dos asignaturas y las prácticas para ser enfermera. Como le contó a su mejor amiga: ¡¡¡¡Tía alucino me han llamado para trabajar en un hospital y todavía ni he terminado¡¡¡¡¡. Angélica, alucinó aún más cuando el primer día que llegó le pusieron un EPI, y le dijeron que fuera rápidamente a la UCI que la necesitaban. Y de repente su mundo de risas y juventud empezó a girar muy deprisa. Todo eran carreras, lamentos en el hospital en el que había comenzando. Lo único gracioso es que aquel hospital se llamara el “donguorri” por el piano bar que estaba en frente, y que según le contaron las veteranas había un pianista que tocaba aquella canción como nadie en el mundo. 

Y Angélica veía el mundo a través de una pantalla de aquel traje que la hacía sudar y no la dejaba respirar. Y en su cabeza se había metido ese ruido de los respiradores de la UCI que parecían lamentos de personas que al ritmo del aparato, parecían decir: ayúdame, ayúdame, ayúdame¡¡¡¡¡¡ Y fue así como de repente el mundo se paró. Todo se quedó en silencio. Y fue como miró a un señor que tenía un respirador, que parecía mayor de lo que era, y que tenía el pelo cano……….y solo fue un segundo, o dos, o tres, pero se miraron. Y ese momento solo quedó interrumpido, por un piiiiiiiiiiiiiiiiii de una máquina que avisaba que el hombre de manos largas, se iba………y sus compañeras, corrieron hacia él, y lo intentaron, pero solo se oyó: uno más, se nos ha ido¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡ Y una de las veteranas, dijo: pobre donguorri, ya no volverá a tocar mas…………….

Y así, Angélica se fue llorando a su casa el primer día de trabajo. 

Y esto va de que no empiecen vidas antes de lo debido y que no se muera gente que no debe. 

Por favor, responsabilidad individual y hacer las cosas bien. Y estoy seguro que ganaremos la guerra. 

Francisco José Paredes Pérez 

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