Cómo seguir haciendo vida familiar con un hijo con autismo: claves desde la experiencia

A medida que pasan los años, muchas de las actividades que solíamos disfrutar en familia pueden volverse más complicadas. Esta realidad se intensifica cuando uno de nuestros hijos es una persona con autismo. Sin embargo, no por ello debemos renunciar a vivir plenamente en sociedad.

Cambios que trae el crecimiento

Cuando Lucas era pequeño, todo parecía más sencillo. Le cogías, le llevabas, le manejabas sin grandes complicaciones. Pero ahora tiene 7 años —como dice la abuela, «siete años bien criados»— y sus dimensiones y energía han cambiado las reglas del juego.

Aún podemos con él, pero imaginamos un futuro en el que será más difícil manejar ciertas situaciones. Y ahí está el error: no debemos anticipar con miedo lo que aún no ha llegado. Lucas está creciendo, sí, pero también está aprendiendo: a caminar a nuestro lado, a esperar en una terraza, a respetar normas básicas.

¿Qué queremos transmitirte?

Queremos que sepas que es posible hacer cosas con tu hijo con autismo. Que aunque el camino no sea el mismo que con un hijo neurotípico, puedes y debes intentar normalizar tu vida familiar. Renunciar no es la solución. A continuación, compartimos estrategias que nos han funcionado a lo largo del tiempo:


1. Cambia el «NO» por una instrucción clara

Evita gritar «¡NO!» cuando algo no te parece correcto. En lugar de eso, ofrece una instrucción comprensible:

«Hijo, deja el vaso en la mesa, se puede caer y hacerte daño.»

Los niños con autismo suelen tener dificultades para procesar negativas abstractas. Utilizar un lenguaje claro y directo reduce el estrés y la ansiedad, tanto para ellos como para ti. Tal como indica Autism Speaks, es importante adaptar la comunicación al estilo de procesamiento de cada niño.


2. Entornos sin ruido excesivo

Las personas con autismo son frecuentemente hipersensibles a estímulos sensoriales. Lugares con mucho ruido como discotecas, centros comerciales en hora punta o fiestas multitudinarias pueden ser abrumadores. Busca entornos tranquilos y controlados. Es mejor adaptar el entorno que forzar al niño a adaptarse a lo que no puede gestionar.


3. Permítele ser él mismo

Vigila, claro, pero no controles en exceso. Si grita o se comporta de forma diferente, no lo corrijas todo el tiempo. Necesita sentirse libre y aceptado, tal como cualquier otra persona.
Autenticidad y libertad también son parte del aprendizaje.


4. Turnos para cuidar, turnos para disfrutar

Establecer turnos con tu pareja para cuidar a tu hijo en momentos sociales ayuda a que ambos podáis disfrutar del encuentro. Por ejemplo, media hora uno se ocupa del niño, mientras el otro conversa con amigos, y luego se cambian los roles. Esto equilibra el cuidado y el disfrute, algo fundamental para mantener la salud emocional familiar.


5. Relación con otros niños

A pesar de las dificultades, tu hijo necesita interacción social. Busca oportunidades para que comparta tiempo con niños de su edad. Aunque parezca que está en su mundo, poco a poco comenzará a intentar interactuar. Este tipo de exposición es fundamental para su desarrollo.

Para más detalles sobre la importancia del juego y la socialización en el autismo, puedes consultar este recurso de Autism Research Institute.


6. No te encierres en el mundo del autismo

Es muy valioso compartir con otras familias con hijos autistas, pero también es importante salir de ese círculo. Ir a sitios comunes, hacer actividades habituales. No lo aísles del mundo ni te aísles tú.

Cuanto más normalices las salidas y el contacto con el entorno, más posibilidades tendrá tu hijo de aprender e integrarse.


Salir es parte del aprendizaje

Una terapeuta nos lo dijo al inicio: «No os quedéis en casa». Y tenía toda la razón. El encierro sólo agrava la situación. Si no sales, tu hijo no aprende. Y si él no aprende, no podrá desarrollarse como persona.
Salir con tu hijo, aunque suponga un reto, es un acto de amor, de fe y de futuro.


Conclusión: Normaliza tu vida, aunque cueste

Ser padre o madre de un hijo con autismo no es fácil, pero tampoco es el fin de la vida social ni familiar. Con paciencia, práctica y apoyo, puedes llevar una vida rica en experiencias. Recuerda que tu hijo está aprendiendo, a su ritmo, pero aprendiendo.
Y tú también.

¡Sal de casa! Que el viento sea amigo de tu hijo.

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